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“Ya no somos las mismas mujeres tímidas de antes”: Historia de la lideresa Felisa Navas Pérez en Guatemala
Por Felisa Navas Pérez, editado por María V. García Vettorazzi y Daiana González

La presidenta y representante legal de la Asociación Forestal Integral de Cruce a La Colorada, AFICC, Reserva de la Biosfera Maya, Guatemala, cuenta las vicisitudes que tuvo que enfrentar como lideresa y madre cabeza de familia

05 .12. 2025  
5 minutos de lectura
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Mis padres eran campesinos, mi papá sembraba maíz y mi mamá era costurera. Ellos emigraron de Baja Verapaz, departamento de Guatemala a San Luis, un pueblo del sur del Petén, Guatemala, a final de 1950. Allí nací y crecí, y fui la mayor de ocho hermanos.

Empecé a ir a la escuela cuando tenía nueve años. Me gustaba ir a la escuela, aunque quedara a tres kilómetros de la casa. Me gustaba salir al frente y declamar poesía, o actuar y hacer a mis compañeros reír. Fui la mejor de la clase dos años seguidos, pero solo pude ir hasta 6to grado, debido a las limitaciones económicas de mi familia.

Me casé a los 17 años con mi esposo Mateo, en 1987, para ser más precisos. Tuvimos ocho hijos, él sembraba maíz y frijol y yo, le seguí los pasos a mi mamá y me dediqué a la costura. Mateo me compró una máquina de coser y yo era la que le hacia los uniformes a los niños del pueblo.

Vivimos en San Luis hasta 1995 y luego decidimos emigrar al caserío Cruce a La Colorada del municipio de San Andrés, situado en la parte norte de Petén. Nos fuimos en busca de tierras para trabajar, en búsqueda de un terrenito, tras la invitación de mi hermano, que ya vivía allí.

Pensamos que podríamos repetir el caso de mis padres, quien obtuvieron su parcela en San Luis gracias a la política de colonización agraria que incentivó la migración de muchas familias campesinas, como la nuestra al sur del Petén en 1960.

Cuando llegamos había más de 30 familias, muchas vivían desde más de diez años en el caserío. Enfrentamos dificultades al inicio para tratar de acoplarnos pero nos adaptamos a la comunidad agrícola local. Sin embargo, tres años despues de llegar, en 1998, llegaron diferentes instituciones del Estado y nos informaron que estábamos dentro del área protegida de la Biosfera Maya y que no podíamos solicitar terrenos con título de propiedad.

Foto de la Asociación Forestal Integral de Cruce La Colorada (AFICC)

De familias campesinas a organizaciones forestales comunitarias

Al saber esta noticia la comunidad se empezó a organizar. Creamos el primer grupo pro-concesión, con 23 socios fundadores llamado la Asociación Forestal Integral de Cruce a La Colorada (AFICC). Mi esposo fue el primer tesorero en la primera junta directiva del grupo.

Ya en el 2000 se hizo el primer plan piloto para aprovechamiento sostenible de madera bajo el liderazgo de la AFICC y un año después se firmó el contrato de concesión del caserio La Colorada.

Mientras tanto, yo, junto con otras mujeres, nos organizamos para participar activamente en las reuniones y actividades comunitarias. Participé en intercambios de experiencias organizados por La Asociación de Comunidades Forestales de Petén (ACOFOP) sobre equidad de género, y yo me iba con mi bebé en brazos.  Aunque algunos hombres mostraron resistencia, estas capacitaciones fueron valiosas para mejorar la participación de mujeres y hombres en nuestra comunidad.

Entramos entonces como socias en la asociación, y empezamos a crear emprendimientos: jabones de cascara de caoba, corte y confección, panadería y hasta vendimos tamales.

La muerte de mi esposo y el renacer en las cenizas

A mis 33 años mi esposo fallece. Luego de su muerte, enfrenté grandes dificultades para mantener a mis hijos. Dejé de coser y fui cocinera en varios lugares, también aquí en AFICC había oportunidad de ir a los campamentos donde se hacían los aprovechamientos maderables, y yo iba también como cocinera. Gracias a eso, y a las becas y esfuerzos compartidos, logré que la mayoría de mis hijos completaran sus estudios básicos.

El camino hacia el liderazgo comunitario y sus desafíos

A pesar de tener solo sexto de primaria, fui elegida tesorera de la Asociación Forestal Integral de Cruce a La Colorada en 2003, luego fui designada secretaria en 2010 y finalmente presidenta en 2011.

Cuando me eligieron presidenta, me sentía muy asustada porque ya habían mencionado a los varones y ninguno quiso animarse. Me nombraron a mí para participar y yo estuve en silencio un momento, pero después, dije: “ya que me dan la oportunidad lo voy a intentar para ser una líder, para ver qué puedo hacer, para ir aprendiendo, porque en el camino aprende uno a hacer las cosas.” Dije yo, “está bien, lo voy a intentar, ya me monté en el caballo y tengo que ver cómo va a brincar, tengo que aguantar,” y me quedé ahí.

Superé grandes desafíos durante mi tiempo como secretaria, como los desalojos realizados por el Consejo Nacional de Areas Protegidas (CONAP) que ocurrieron en 2009 y 2010 acá en la comunidad y dejaron a un compañero sin vida, quien era el encargado del área de Control y Vigilancia de la Consesión forestal.

Luego de los desalojos, muy pocos compañeros volvieron a las reuniones, solo tres mujeres miembros de la junta directiva asistían. A pesar de la falta de apoyo perseveré. Recibimos capacitaciones y dábamos la cara a los problemas de la asociación.

Muchos desalojados en años pasados querían regresar. Y nos buscaban para firmar documentos y autorizar su regreso, sin embargo, no era responsabilidad de nosotros sino del CONAP el de otorgar esos permisos y concesionar las tierras. Esto nos dejó enemistades y causó amenazas.

El futuro del liderazgo femenino en la Biosfera Maya

Ser líder ha sido una experiencia buena pero difícil para mí, ya que he tenido que sacrificar tiempo con mi familia y enfrentar múltiples responsabilidades y desafíos, desde reuniones prolongadas hasta la gestión de recursos y trámites necesarios para el funcionamiento de la organización.

Lo cierto es que ya no somos las mismas mujeres tímidas. Antes uno no hallaba ni que responder, y ahorita, aunque seacon nuestras propias palabras, ya podemos platicar respecto a los temas. En medio de todo este proceso concesionario hemos aprendido mucho. Sin embargo, lamentablemente, otras mujeres no quieren involucrarse, a pesar de los esfuerzos por motivarlas.

He aprendido que para lograr nuestros objetivos es esencial la comunicación y el trabajo en equipo. Aunque al principio no sabía cómo interactuar, ahora sé que la organización y la cooperación son clave para avanzar, especialmente en un proceso de concesión que ha sido una escuela de aprendizaje, mejorando nuestras habilidades y calidad de vida a través del trabajo conjunto.


 

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